Te he visto bajar, con el camisón, a buscar unos calcetines para el uniforme; hoy te he vuelto a reprender, porque los coges del cajón donde se guardan los grandes.
Eres la pequeña de la casa, pero últimamente, te veo crecer a pasos agigantados. A menudo, durante el transcurso de nuestras actividades diarias, sostengo la mirada en vosotras, en ti, por minutos, observando tu pelo, tu piel, tu mirada inconsciente, tu multitud de gestos y tu determinación, y recuerdo, paralelamente, cómo has ido creciendo en personalidad, aunque nunca te ha faltado. Ya te he dicho, que siempre serás mi pequeña (nosotros lo llamamos de otro modo, pero es nuestro secreto), y te he preguntado "¿ves grande a R?" y tú me has contestado, "claaaro", y yo te he dicho, pues a pesar de ser tan grande, sigue siendo también, mi pequeña, y tú has sonreído dulcemente, y buscado mi caricia mimosa y te has acurrucado, buscando mi refugio, frente a tu crecimiento: no quieres hacerte mayor del todo.
Antes de subir, como me has visto acurrucada en el sofá, tapada con la manta, has venido llorosa, preguntando si estaba malita. Te he mentido, y te he dicho que mamá nunca está malita, te he preguntado"¿cuándo has visto a mamá, malita?", y tú has contestado, "cuando te duele la cabeza", y yo te he dicho, que "eso no cuenta". Te has acercado, y me has tocado con los labios la frente, como te hago yo, y luego me has puesto la mano sobre élla, y me has acurrucado como siempre hago yo contigo, y me has dado muchos besos, por la cara, por el pelo, por todas partes, y el dolor, y el calor de la fiebre, han desaparecido, sí... por esos instantes, no los he sentido.
Luego, cuando te he visto bajar con tu camisón, he sentido una mezcla de dicha, ternura y un poco de melancolía... porque veo que el tiempo pasa, y no vuelve.
Me he incorporado, y te he pedido que vinieras, te he dado los calcetines, y te he abrazado, y me he puesto a salvo de todo entre tus brazos, y he sido inmensamente feliz.
Me he acostado antes de lo habitual, y desde mi cuarto, con la luz de la luna que se cuela por mi ventana, he pasado muchos minutos, oyéndote hablar con los muñecos, y con tu hermana, y he sentido, realmente, la importancia de la felicidad que tengo, y cuando cerré los ojos, ya con la casa en silencio, el malestar había desaparecido.
Vosotras procuráis que intente crecer, y ser algo mejor cada día, aunque haya muchos, que no lo consiga.
... y sí, esta mañana durante el desayuno, ha habido bronca con la adolescente, y me siento fatal por éllo.